Continuando con nuestro ciclo de terapias alternativas, veremos la reflexiologia podal a traves de una serie de videos que nos permitirán aprender a utilizar esta herramienta de curación conociendo los puntos claves y aplicando las diferentes técnicas para estimularlos y a través de ellos activar, relajar o curar afecciones en nuestro organismo...
En el primero veremos rodillas, piernas, organos reproductores, higado riñon y vesicula.
http://www.youtube.com/watch?v=6uSOJRHR3gU
Aqui veremos los puntos para estimular el sistema hormonal, y como podemos hacelo nosotros mismos.
http://www.youtube.com/watch?v=TYz37MQQ5rc
Para el sistema linfatico.
http://www.youtube.com/watch?v=ymUPKCjM-PQ
Solo el punto del insomnio.
http://www.youtube.com/watch?v=tLQ6YAh2S-U
Queremos entregarte las herramientas necesarias para que encuentres tu camino de superación a través de la autoayuda, automotivación, relajación, sanación, meditación, terapias alternativas y mucho más, en el marco de la espiritualidad
sábado, 27 de marzo de 2010
viernes, 19 de marzo de 2010
La reflexiología como terapia curativa
Hoy veremos de que se trata la reflexiología, que es una ciencia milenaria, y hoy recién la ciencia está reconociendo sus efectos, y además es una de las terapias alternativas que podemos aprender y aplicarlas en nosotros mismos sin tener que recurrir a un terapeuta, sin embargo si se trata de un diagnóstico mayor, es preferible visitar un terapeuta calificado, que nos indique los puntos a tratar para obtener resultados.
Esta terapia se basa en los puntos de acupuntura, como muchas otras, pero esta se aplica principalmente en las terminaciones nerviosas de los pies, las manos y el rostro, las cuales corresponden a la totalidad de nuestros organos internos, los cuales podemos relajar, desinflamar, activar y aliviar dolores, presionando los puntos correspondientes.
Está dirigida a mejorar nuestro cuerpo físico principalmente.
Veremos a través de videos como podemos aplicarnos esta terapia nosotros mismos y cómo aliviar algunas dolencias, como el dolor de cabeza, de estómago, etc.
Aquí nuestro primer video, que nos enseña la reflexiología en el rostro y sus aplicaciones.
http://www.youtube.com/watch?v=JUB3NeighnM
Esta terapia se basa en los puntos de acupuntura, como muchas otras, pero esta se aplica principalmente en las terminaciones nerviosas de los pies, las manos y el rostro, las cuales corresponden a la totalidad de nuestros organos internos, los cuales podemos relajar, desinflamar, activar y aliviar dolores, presionando los puntos correspondientes.
Está dirigida a mejorar nuestro cuerpo físico principalmente.
Veremos a través de videos como podemos aplicarnos esta terapia nosotros mismos y cómo aliviar algunas dolencias, como el dolor de cabeza, de estómago, etc.
Aquí nuestro primer video, que nos enseña la reflexiología en el rostro y sus aplicaciones.
http://www.youtube.com/watch?v=JUB3NeighnM
domingo, 14 de marzo de 2010
Terapias.
Hoy comenzamos un nuevo ciclo de temas para nuestro Crecimiento personal....con lo que podemos ayudarnos a nosotros mismos en el camino de nuestra toma de conciencia...de nuestra busqueda de luz y verdad.
Como dijimos anteriormente, la Autoayuda es la mejor opción si realmente queremos obtener un cambio en nuestro sistema de vida...desde la raíz hasta la manifestación de nuestro entorno.
Una poderosa herramienta en este propósito es la terapia...de sanación, alternativa, o como quieras llamarla, es un sistema de opciones que pudes elejir para sanar...para crecer...para cambiar.
Hoy veremos de forma sencilla lo que es una terapia...y lo que podemos lograr con ella.
Terapia es simplemente un tratamiento...una secuencia de acciones que buscan una mejoría, ya sea de una enfermedad, de una situación...de una dolencia.
Tememos la terapia científica, como la medicina, la psicología, la psiquiatría, etc.
Y tenemos por otro lado las terapias alternativas de sanación, que van desde las corporales, psiquicas, espirituales, emocionales y holísticas, que engloban la totalidad del ser como una unidad compleja que debe ser atendida integralmente.
Comenzaremos con las corporales, o las que se aplican focalizadamente a la parte física, para aliviar dolencias específicas, como por ejemplo, la quiropraxia.
La quiropraxia es una terapia dirigida especialmente a corregir las dolencias de la columna vertebral, y ya en algunos paises, es reconocida como una terapia formal, tan válida como la kinesiología y la traumatología.
Esta terapia debe ser aplicada por un terapeuta calificado, y se obtienen exelentes resultados.
También en el ámbito corporal, tenemos la Masoterapia, que como su nombre lo indica, es una terapia en base a masajes con las manos, los cuales pueden ser dirijidos a dolencias como atrofias de tipo muscular, lumbagos, ciática, y hasta para mejorar la estética, como son los masajes reductores o modeladores de la figura.
Aqui un video acerca del quiromasaje y para que se utiliza.
http://www.youtube.com/watch?v=WfJ7KJGxE3I
Como dijimos anteriormente, la Autoayuda es la mejor opción si realmente queremos obtener un cambio en nuestro sistema de vida...desde la raíz hasta la manifestación de nuestro entorno.
Una poderosa herramienta en este propósito es la terapia...de sanación, alternativa, o como quieras llamarla, es un sistema de opciones que pudes elejir para sanar...para crecer...para cambiar.
Hoy veremos de forma sencilla lo que es una terapia...y lo que podemos lograr con ella.
Terapia es simplemente un tratamiento...una secuencia de acciones que buscan una mejoría, ya sea de una enfermedad, de una situación...de una dolencia.
Tememos la terapia científica, como la medicina, la psicología, la psiquiatría, etc.
Y tenemos por otro lado las terapias alternativas de sanación, que van desde las corporales, psiquicas, espirituales, emocionales y holísticas, que engloban la totalidad del ser como una unidad compleja que debe ser atendida integralmente.
Comenzaremos con las corporales, o las que se aplican focalizadamente a la parte física, para aliviar dolencias específicas, como por ejemplo, la quiropraxia.
La quiropraxia es una terapia dirigida especialmente a corregir las dolencias de la columna vertebral, y ya en algunos paises, es reconocida como una terapia formal, tan válida como la kinesiología y la traumatología.
Esta terapia debe ser aplicada por un terapeuta calificado, y se obtienen exelentes resultados.
También en el ámbito corporal, tenemos la Masoterapia, que como su nombre lo indica, es una terapia en base a masajes con las manos, los cuales pueden ser dirijidos a dolencias como atrofias de tipo muscular, lumbagos, ciática, y hasta para mejorar la estética, como son los masajes reductores o modeladores de la figura.
Aqui un video acerca del quiromasaje y para que se utiliza.
http://www.youtube.com/watch?v=WfJ7KJGxE3I
viernes, 12 de marzo de 2010
Si la luz esta en ti...para que seguir buscando fuera.
Esperamos que despues de tanta meditación hermosa, hayas descubierto la luz en ti...hoy cerramos el ciclo de meditaciones y comenzaremos a ver Terapias Alternativas, para contar con herramientas para sanar tambien nuestro cuerpo...los esperamos en este nuevo paso hacia la Luz.
MEDITACION 31
"Por eso, estad también vosotros preparados, porque cuando
menos lo esperéis vendrá el Hijo del hombre"
(Mt 24,44)
Tarde o temprano brota en todo corazón humano el deseo de santidad,
de espiritualidad, de Dios, o como se quiera llamar. Oímos a los
místicos hablar de una divinidad que les envuelve por todas partes, que
está a nuestro alcance y que, si fuéramos capaces de descubrirla,
podría hacer que nuestras vidas tuvieran sentido y fueran ricas y
hermosas. La gente tiene una vaga idea a ese respecto, y por ello lee
libros y consulta a los gurús tratando de averiguar qué es lo que deben
hacer para obtener esa cosa tan esquiva que llamamos "santidad" o
"espiritualidad". Para lo cual prueban toda clase de métodos, técnicas,
ejercicios espirituales y fórmulas... y, al cabo de años de inútiles
esfuerzos, acaban desanimados y confundidos y se preguntan en qué
se habrán equivocado. Y, por lo general, se culpan a sí mismos: Si
hubieran practicado las técnicas con mayor regularidad, si hubieran
sido más fervorosos o más generosos..., lo habrían logrado. ¿lograr
qué? De hecho, no tienen muy claro en qué consiste esa santidad que
andan buscando, aunque sí saben, ciertamente, que sus vidas siguen
siendo un fracaso y que ellos siguen siendo unos seres angustiados,
inseguros, llenos de miedo, resentidos, despiadados, avaros,
ambiciosos y manipuladores. Por eso vuelven a emprender, con
renovado ímpetu, el esfuerzo y el trabajo que creen imprescindibles
para alcanzar su objetivo.
Nunca se han parado a considerar algo tan simple como es el hecho de
que sus esfuerzos no van a llevarles a ninguna parte. Lo único que van
a conseguir con sus esfuerzos es empeorar las cosas, del mismo modo
que empeoran las cosas al intentar apagar un fuego con más fuego. El
esfuerzo no produce el crecimiento sea cual sea la forma que adopte
(la fuerza, la costumbre, una determinada técnica o un determinado
ejercicio espiritual), el esfuerzo no origina el cambio. A lo más conduce
a la represión y a encubrir el verdadero mal.
El esfuerzo si puede modificar la conducta, pero no cambia a la
persona. Piensa en la mentalidad que subyace a la pregunta: "¿Qué
debo hacer para alcanzar la santidad?". Es algo así como preguntar
"¿Cuánto dinero tengo que gastar para comprar tal cosa?, ¿qué
sacrificio debo hacer?, ¿a qué disciplina tengo que someterme?, ¿qué
clase de meditación debo practicar para obtenerlo?..." Imagínate a un
hombre que deseara obtener el amor de una mujer y, para ello, tratara
de mejorar su apariencia, reconstruir su cuerpo, cambiar su conducta y
practicar técnicas de seducción...
De hecho, no vas a conseguir el amor de los demás a base de practicar
técnicas, sino a base de ser una determinada clase de persona. Y esto
no se logra con esfuerzos ni con técnicas de ningún tipo. Lo mismo
sucede con la espiritualidad y la santidad. No dependen de lo que
hagas (no se trata de una mercancía que pueda comprarse ni de un
premio que pueda ganarse); depende de lo que seas.
La santidad no es un logro, es una gracia. Una Gracia llamada
consciencia, visión, observación, comprensión... Sólo con que
encendieras la luz de la consciencia y te observaras a ti mismo y cuanto
te rodea a lo largo del día; sólo con que te vieras reflejado en el espejo
de la consciencia del mismo modo que ves a tu rostro reflejado en un
espejo de cristal, es decir, con fidelidad y claridad, tal como eres, sin la
menor distorsión ni el menor añadido, y observaras dicho reflejo sin
emitir juicio ni condena de ningún tipo, experimentarías los
maravillosos cambios de toda clase que se producen en ti. Lo que
ocurre es que no puedes controlar dichos cambios, ni eres capaz de
planificarlos de antemano ni de decidir cómo y cuándo tienen que
producirse. Es esta clase de consciencia que no emite juicios la única
capaz de sanarte, de cambiarte y de hacerte crecer. Pero lo hace a su
manera y a su tiempo.
¿De qué debes ser consciente concretamente? De tus reacciones y de
tus relaciones. Cada vez que estás en presencia de una persona (la que
sea y en la situación en que sea), tienes toda clase de reacciones,
positivas y negativas. Estudia esas reacciones, observa cuáles son
exactamente y de dónde provienen, sin reconvención o culpabilización
de ningún tipo, incluso sin deseo alguno, y, sobre todo, sin tratar de
cambiarlas. Eso es todo lo que hace falta para que brote la santidad.
Pero ¿no constituye la consciencia en sí misma un esfuerzo? No, si la
has percibido aunque no sea más que una vez. Porque entonces
comprenderás que la consciencia es un placer: el placer de un niño que
sale asombrado a descubrir el mundo; porque, incluso cuando la
consciencia te hace descubrir en ti cosas que te desagradan, siempre
ocasiona liberación y gozo. Y entonces sabrás que la vida inconsciente
no merece ser vivida, porque está excesivamente llena de oscuridad y
de dolor.
Si al principio sientes pereza en practicar la consciencia, no te
violentes. Sería un esfuerzo más. Limítate a ser consciente de tu
pereza, sin juzgar ni condenar. Comprenderás entonces que la
consciencia requiere el mismo esfuerzo que el que tiene que realizar un
enamorado para acudir junto a su amada, o un hambriento para comer,
o un montañero para escalar la montaña de sus sueños; tal vez haya
que emplear mucha energía, tal vez sea incluso penoso, pero no es
cuestión de esfuerzo; ¡es hasta divertido! en otras palabras, la
consciencia es una actividad muy fácil.
Pero ¿te va a proporcionar la consciencia la santidad que tanto
anhelas? Si y no. de hecho, nunca lo sabrás, porque la verdadera
santidad, la que no se obtiene a base de técnicas, de esfuerzos, y de
represión, es absolutamente espontánea. jamás vas a tener la menor
consciencia de que se da en ti. Por lo demás, no debes preocuparte,
porque la misma ambición de ser santo se desvanecerá en cuanto
vivas, momento a momento, una vida plena, feliz y transparente
gracias a la consciencia. Te basta con estar vigilante y despierto, por
que así tus ojos verán al Salvador. No te hace falta absolutamente nada
más: ni la seguridad, ni el amor, ni el pertenecer a alguien, ni la
belleza, ni el poder, ni la santidad, ni ninguna otra cosa tendrán ya
importancia.
Y cerramos el ciclo de meditación con este hermoso video, con música de un gran iluminado...Motzart. Esperamos nos sigan acompañando en este camino de búsqueda de nuestra Luz interior.
http://www.youtube.com/watch?v=OdqyJYLXzW4
MEDITACION 31
"Por eso, estad también vosotros preparados, porque cuando
menos lo esperéis vendrá el Hijo del hombre"
(Mt 24,44)
Tarde o temprano brota en todo corazón humano el deseo de santidad,
de espiritualidad, de Dios, o como se quiera llamar. Oímos a los
místicos hablar de una divinidad que les envuelve por todas partes, que
está a nuestro alcance y que, si fuéramos capaces de descubrirla,
podría hacer que nuestras vidas tuvieran sentido y fueran ricas y
hermosas. La gente tiene una vaga idea a ese respecto, y por ello lee
libros y consulta a los gurús tratando de averiguar qué es lo que deben
hacer para obtener esa cosa tan esquiva que llamamos "santidad" o
"espiritualidad". Para lo cual prueban toda clase de métodos, técnicas,
ejercicios espirituales y fórmulas... y, al cabo de años de inútiles
esfuerzos, acaban desanimados y confundidos y se preguntan en qué
se habrán equivocado. Y, por lo general, se culpan a sí mismos: Si
hubieran practicado las técnicas con mayor regularidad, si hubieran
sido más fervorosos o más generosos..., lo habrían logrado. ¿lograr
qué? De hecho, no tienen muy claro en qué consiste esa santidad que
andan buscando, aunque sí saben, ciertamente, que sus vidas siguen
siendo un fracaso y que ellos siguen siendo unos seres angustiados,
inseguros, llenos de miedo, resentidos, despiadados, avaros,
ambiciosos y manipuladores. Por eso vuelven a emprender, con
renovado ímpetu, el esfuerzo y el trabajo que creen imprescindibles
para alcanzar su objetivo.
Nunca se han parado a considerar algo tan simple como es el hecho de
que sus esfuerzos no van a llevarles a ninguna parte. Lo único que van
a conseguir con sus esfuerzos es empeorar las cosas, del mismo modo
que empeoran las cosas al intentar apagar un fuego con más fuego. El
esfuerzo no produce el crecimiento sea cual sea la forma que adopte
(la fuerza, la costumbre, una determinada técnica o un determinado
ejercicio espiritual), el esfuerzo no origina el cambio. A lo más conduce
a la represión y a encubrir el verdadero mal.
El esfuerzo si puede modificar la conducta, pero no cambia a la
persona. Piensa en la mentalidad que subyace a la pregunta: "¿Qué
debo hacer para alcanzar la santidad?". Es algo así como preguntar
"¿Cuánto dinero tengo que gastar para comprar tal cosa?, ¿qué
sacrificio debo hacer?, ¿a qué disciplina tengo que someterme?, ¿qué
clase de meditación debo practicar para obtenerlo?..." Imagínate a un
hombre que deseara obtener el amor de una mujer y, para ello, tratara
de mejorar su apariencia, reconstruir su cuerpo, cambiar su conducta y
practicar técnicas de seducción...
De hecho, no vas a conseguir el amor de los demás a base de practicar
técnicas, sino a base de ser una determinada clase de persona. Y esto
no se logra con esfuerzos ni con técnicas de ningún tipo. Lo mismo
sucede con la espiritualidad y la santidad. No dependen de lo que
hagas (no se trata de una mercancía que pueda comprarse ni de un
premio que pueda ganarse); depende de lo que seas.
La santidad no es un logro, es una gracia. Una Gracia llamada
consciencia, visión, observación, comprensión... Sólo con que
encendieras la luz de la consciencia y te observaras a ti mismo y cuanto
te rodea a lo largo del día; sólo con que te vieras reflejado en el espejo
de la consciencia del mismo modo que ves a tu rostro reflejado en un
espejo de cristal, es decir, con fidelidad y claridad, tal como eres, sin la
menor distorsión ni el menor añadido, y observaras dicho reflejo sin
emitir juicio ni condena de ningún tipo, experimentarías los
maravillosos cambios de toda clase que se producen en ti. Lo que
ocurre es que no puedes controlar dichos cambios, ni eres capaz de
planificarlos de antemano ni de decidir cómo y cuándo tienen que
producirse. Es esta clase de consciencia que no emite juicios la única
capaz de sanarte, de cambiarte y de hacerte crecer. Pero lo hace a su
manera y a su tiempo.
¿De qué debes ser consciente concretamente? De tus reacciones y de
tus relaciones. Cada vez que estás en presencia de una persona (la que
sea y en la situación en que sea), tienes toda clase de reacciones,
positivas y negativas. Estudia esas reacciones, observa cuáles son
exactamente y de dónde provienen, sin reconvención o culpabilización
de ningún tipo, incluso sin deseo alguno, y, sobre todo, sin tratar de
cambiarlas. Eso es todo lo que hace falta para que brote la santidad.
Pero ¿no constituye la consciencia en sí misma un esfuerzo? No, si la
has percibido aunque no sea más que una vez. Porque entonces
comprenderás que la consciencia es un placer: el placer de un niño que
sale asombrado a descubrir el mundo; porque, incluso cuando la
consciencia te hace descubrir en ti cosas que te desagradan, siempre
ocasiona liberación y gozo. Y entonces sabrás que la vida inconsciente
no merece ser vivida, porque está excesivamente llena de oscuridad y
de dolor.
Si al principio sientes pereza en practicar la consciencia, no te
violentes. Sería un esfuerzo más. Limítate a ser consciente de tu
pereza, sin juzgar ni condenar. Comprenderás entonces que la
consciencia requiere el mismo esfuerzo que el que tiene que realizar un
enamorado para acudir junto a su amada, o un hambriento para comer,
o un montañero para escalar la montaña de sus sueños; tal vez haya
que emplear mucha energía, tal vez sea incluso penoso, pero no es
cuestión de esfuerzo; ¡es hasta divertido! en otras palabras, la
consciencia es una actividad muy fácil.
Pero ¿te va a proporcionar la consciencia la santidad que tanto
anhelas? Si y no. de hecho, nunca lo sabrás, porque la verdadera
santidad, la que no se obtiene a base de técnicas, de esfuerzos, y de
represión, es absolutamente espontánea. jamás vas a tener la menor
consciencia de que se da en ti. Por lo demás, no debes preocuparte,
porque la misma ambición de ser santo se desvanecerá en cuanto
vivas, momento a momento, una vida plena, feliz y transparente
gracias a la consciencia. Te basta con estar vigilante y despierto, por
que así tus ojos verán al Salvador. No te hace falta absolutamente nada
más: ni la seguridad, ni el amor, ni el pertenecer a alguien, ni la
belleza, ni el poder, ni la santidad, ni ninguna otra cosa tendrán ya
importancia.
Y cerramos el ciclo de meditación con este hermoso video, con música de un gran iluminado...Motzart. Esperamos nos sigan acompañando en este camino de búsqueda de nuestra Luz interior.
http://www.youtube.com/watch?v=OdqyJYLXzW4
miércoles, 10 de marzo de 2010
Meditemos para encender nuestra lámpara.
Meditemos en la luz..en nuestra capacidad para ver-claro o clarividencia, que es la base para conocer nuestra verdadera realidad...
MEDITACION 30
"La lámpara de tu cuerpo es tu ojo; si tu ojo está sano, todo tu
cuerpo estará luminoso; pero, si está enfermo, tu cuerpo
estará a oscuras"
(Lc. 11 , 34)
Pensemos que el mundo se salvaría si tan sólo fuéramos capaces de
generar mayores dosis de buena voluntad y tolerancia. Lo cual es falso.
Lo que puede salvar al mundo no es la buena voluntad o la tolerancia,
sino la clarividencia. ¿De qué sirve que seas tolerante con los demás si
estás convencido de que eres tú quien tiene la razón y de que quienes
no piensan como tú están equivocados? Eso no es tolerancia, sino
condescendencia. Eso no lleva a la unión de los corazones, sino a la
división, porque tú te colocas arriba y pones a los demás abajo: unas
posiciones que sólo pueden dar lugar a un sentido de superioridad por
tu parte y a un resentimiento por parte de tus semejantes, originando
con ello una mayor tolerancia.
La verdadera tolerancia brota únicamente de una viva consciencia de la
profunda ignorancia que a todos nos aqueja en relación con la verdad.
Porque la verdad es, esencialmente, misterio. La mente puede sentirla,
pero no comprenderla, y menos aún formularla. Nuestras creencias
pueden vislumbrarla, pero no expresarla con palabras. A pesar de lo
cual, la gente habla con entusiasmo del valor del diálogo, el cual, en el
peor de los casos, es un intento camuflado de convencer al otro de la
rectitud de tu propia postura, y en la mejor de las hipótesis te impedirá
parecerte a una rana en su charca, que piensa que ésta (la charca) es
el único mundo que existe.
¿Qué ocurre cuando se reúnen ranas de diferentes charcas para
dialogar acerca de sus convicciones y experiencias? Ocurre que sus
horizontes se ensanchan hasta el punto de admitir la existencia de
otras charcas distintas de la propia. Pero aún no tienen la menor
sospecha de que existe un océano de verdad que no puede ser
encerrado dentro de los límites de sus charcas conceptuales. Y
nuestras pobres ranas siguen divididas y hablando en términos de tuyo
y mío: tus experiencias, tus convicciones, tu ideología... y las mías. El
compartir fórmulas no enriquece a quienes las comparten, porque las
fórmulas, al igual que los límites de las charcas, dividen; sólo el océano
ilimitado une. Ahora bien, para llegar a ese océano de verdad que no
conoce los límites de las fórmulas, es esencial poseer el don de la
clarividencia.
¿Qué es la clarividencia y cómo se obtiene? Lo primero que debes
saber es que la clarividencia no requiere demasiados conocimientos. Es
algo tan simple que está al alcance de un niño de diez meses. No
requiere conocimientos, sino ignorancia; no requiere talento, sino valor.
Lo comprenderás si piensas en un niño en brazos de una vieja y fea
criada. El niño es demasiado joven para haber adquirido los prejuicios
de sus mayores. Por eso, cuando se encuentra cálidamente instalado
en los brazos de esa mujer, no está respondiendo a ningún tipo de
"clichés" mentales (clichés como "mujer blanca - mujer negra", "fea -
guapa", "vieja-joven", "madre-criada", etc.), sino que está
respondiendo a la realidad. Esa mujer satisface la necesidad que el niño
tiene de amor, y es a esta realidad a la que el niño responde, no al
nombre, la apariencia, la religión o la raza de la mujer. Todas estas
cosas son para él absolutamente irrelevantes. El niño carece todavía de
creencias y de prejuicios. Éste es el medio en el que puede dase la
clarividencia, y para obtenerla hay que olvidarse de todo cuanto se ha
aprendido y adquirir la mente del niño, libre de esas experiencias
pasadas y esa "programación" que tanto oscurece nuestra forma de ver
la realidad.
Mira en tu interior, estudia tus reacciones frente a las personas y las
situaciones, y sentirás horror al descubrir la cantidad de prejuicios que
subyacen a tus reacciones. Casi nunca respondes a la realidad concreta
de la persona o cosa que tienes delante. A lo que respondes es a una
serie de principios, ideologías y creencias económicas, políticas,
religiosas y psicológicas; a un montón de ideas preconcebidas y de
prejuicios, tanto positivos como negativos. Considera, una por una,
cada persona, cada cosa, y cada situación, y trata de averiguar cuál es
tu predisposición con respecto a cada una de ellas, separando la
realidad respectiva de tus percepciones y proyecciones programadas.
Este ejercicio te proporcionará una revelación tan divina como
cualquiera de las que pueda proporcionarte la Escritura.
Pero no son los prejuicios y las creencias los únicos enemigos de la
clarividencia. Hay otra pareja de enemigos llamados "deseo" y "miedo".
Para que el pensamiento esté incontaminado de toda emoción, y
concretamente de deseo, de miedo y de egoísmo, se requiere una
ascesis verdaderamente aterradora. Las personas creen
equivocadamente que su pensamiento es producto de su mente; en
realidad es producto de su corazón, que primero dicta una determinada
conclusión y luego ordena a la mente que elabore el razonamiento con
que poder apoyarla. He aquí, pues, otra fuente de revelación divina.
Examina algunas de las conclusiones a las que has llegado y
comprueba cómo han sido adulteradas por tu egoísmo. Esto vale para
cualquier conclusión, a no ser que la consideres provisional. Fíjate cuán
estrechamente te aferras a tus conclusiones relativas a las personas,
por ejemplo. ¿Acaso están esos juicios completamente libres de toda
emoción? Si así lo crees, es muy probable que no te hayas fijado
suficientemente.
Ésta es, precisamente, la principal causa de los desacuerdos y las
divisiones que se dan entre naciones y entre individuos. tus intereses
no coinciden con los míos, y por esos tu pensamiento y tus
conclusiones tampoco concuerdan con los míos. ¿Cuantas personas
conoces cuya manera de pensar, al menos en ocasiones, se oponga a
sus intereses? ¿Cuantas veces has conseguido colocar una barrera
insalvable entre los pensamientos que ocupan tu mente y los miedos y
deseos que se agitan en tu corazón? Cada vez que lo intentes,
comprobarás que lo que la clarividencia requiere no son conocimientos
o informaciones. Esto se adquiere fácilmente; no así el valor para hacer
frente con éxito al miedo y al deseo, porque, en el momento en que
desees o temas algo, tu corazón, consciente o inconscientemente, se
interpondrá y servirá de obstáculo a tu pensamiento.
Esta es una consideración para "gigantes" espirituales que han logrado
darse cuenta de que para encontrar la verdad, lo que necesitan no son
formulaciones doctrinales, sino un corazón capaz de renunciar a su
"programación" y a su egoísmo cada vez que el pensamiento se pone
en marcha; un corazón que no tenga nada que proteger y nada que
ambicionar y que, por consiguiente, deje a la mente vagar sin trabas,
libre y sin ningún temor, en busca de la verdad; un corazón que esté
siempre dispuesto a aceptar nuevos datos y a cambiar de opinión. Un
corazón así acaba convirtiéndose en una lámpara que disipa la
oscuridad que envuelve el cuerpo entero de la humanidad. Si todos los
seres humanos estuvieran dotados de un corazón semejante, ya no se
verían a sí mismos como "comunistas" o "capitalistas", como
"cristianos", "musulmanes" o "budistas", sino que su propia
clarividencia les haría ver que todos sus pensamientos, conceptos y
creencias son lámparas apagadas, signos de su ignorancia. Y, al verlo,
desaparecerían los límites de sus respectivas charcas, y se verían
inundados por el océano que une a todos los seres humanos en la
verdad.
Este hermoso video es la propuesta para la meditación de hoy.
http://www.youtube.com/watch?v=TuLg9TOzfm0
MEDITACION 30
"La lámpara de tu cuerpo es tu ojo; si tu ojo está sano, todo tu
cuerpo estará luminoso; pero, si está enfermo, tu cuerpo
estará a oscuras"
(Lc. 11 , 34)
Pensemos que el mundo se salvaría si tan sólo fuéramos capaces de
generar mayores dosis de buena voluntad y tolerancia. Lo cual es falso.
Lo que puede salvar al mundo no es la buena voluntad o la tolerancia,
sino la clarividencia. ¿De qué sirve que seas tolerante con los demás si
estás convencido de que eres tú quien tiene la razón y de que quienes
no piensan como tú están equivocados? Eso no es tolerancia, sino
condescendencia. Eso no lleva a la unión de los corazones, sino a la
división, porque tú te colocas arriba y pones a los demás abajo: unas
posiciones que sólo pueden dar lugar a un sentido de superioridad por
tu parte y a un resentimiento por parte de tus semejantes, originando
con ello una mayor tolerancia.
La verdadera tolerancia brota únicamente de una viva consciencia de la
profunda ignorancia que a todos nos aqueja en relación con la verdad.
Porque la verdad es, esencialmente, misterio. La mente puede sentirla,
pero no comprenderla, y menos aún formularla. Nuestras creencias
pueden vislumbrarla, pero no expresarla con palabras. A pesar de lo
cual, la gente habla con entusiasmo del valor del diálogo, el cual, en el
peor de los casos, es un intento camuflado de convencer al otro de la
rectitud de tu propia postura, y en la mejor de las hipótesis te impedirá
parecerte a una rana en su charca, que piensa que ésta (la charca) es
el único mundo que existe.
¿Qué ocurre cuando se reúnen ranas de diferentes charcas para
dialogar acerca de sus convicciones y experiencias? Ocurre que sus
horizontes se ensanchan hasta el punto de admitir la existencia de
otras charcas distintas de la propia. Pero aún no tienen la menor
sospecha de que existe un océano de verdad que no puede ser
encerrado dentro de los límites de sus charcas conceptuales. Y
nuestras pobres ranas siguen divididas y hablando en términos de tuyo
y mío: tus experiencias, tus convicciones, tu ideología... y las mías. El
compartir fórmulas no enriquece a quienes las comparten, porque las
fórmulas, al igual que los límites de las charcas, dividen; sólo el océano
ilimitado une. Ahora bien, para llegar a ese océano de verdad que no
conoce los límites de las fórmulas, es esencial poseer el don de la
clarividencia.
¿Qué es la clarividencia y cómo se obtiene? Lo primero que debes
saber es que la clarividencia no requiere demasiados conocimientos. Es
algo tan simple que está al alcance de un niño de diez meses. No
requiere conocimientos, sino ignorancia; no requiere talento, sino valor.
Lo comprenderás si piensas en un niño en brazos de una vieja y fea
criada. El niño es demasiado joven para haber adquirido los prejuicios
de sus mayores. Por eso, cuando se encuentra cálidamente instalado
en los brazos de esa mujer, no está respondiendo a ningún tipo de
"clichés" mentales (clichés como "mujer blanca - mujer negra", "fea -
guapa", "vieja-joven", "madre-criada", etc.), sino que está
respondiendo a la realidad. Esa mujer satisface la necesidad que el niño
tiene de amor, y es a esta realidad a la que el niño responde, no al
nombre, la apariencia, la religión o la raza de la mujer. Todas estas
cosas son para él absolutamente irrelevantes. El niño carece todavía de
creencias y de prejuicios. Éste es el medio en el que puede dase la
clarividencia, y para obtenerla hay que olvidarse de todo cuanto se ha
aprendido y adquirir la mente del niño, libre de esas experiencias
pasadas y esa "programación" que tanto oscurece nuestra forma de ver
la realidad.
Mira en tu interior, estudia tus reacciones frente a las personas y las
situaciones, y sentirás horror al descubrir la cantidad de prejuicios que
subyacen a tus reacciones. Casi nunca respondes a la realidad concreta
de la persona o cosa que tienes delante. A lo que respondes es a una
serie de principios, ideologías y creencias económicas, políticas,
religiosas y psicológicas; a un montón de ideas preconcebidas y de
prejuicios, tanto positivos como negativos. Considera, una por una,
cada persona, cada cosa, y cada situación, y trata de averiguar cuál es
tu predisposición con respecto a cada una de ellas, separando la
realidad respectiva de tus percepciones y proyecciones programadas.
Este ejercicio te proporcionará una revelación tan divina como
cualquiera de las que pueda proporcionarte la Escritura.
Pero no son los prejuicios y las creencias los únicos enemigos de la
clarividencia. Hay otra pareja de enemigos llamados "deseo" y "miedo".
Para que el pensamiento esté incontaminado de toda emoción, y
concretamente de deseo, de miedo y de egoísmo, se requiere una
ascesis verdaderamente aterradora. Las personas creen
equivocadamente que su pensamiento es producto de su mente; en
realidad es producto de su corazón, que primero dicta una determinada
conclusión y luego ordena a la mente que elabore el razonamiento con
que poder apoyarla. He aquí, pues, otra fuente de revelación divina.
Examina algunas de las conclusiones a las que has llegado y
comprueba cómo han sido adulteradas por tu egoísmo. Esto vale para
cualquier conclusión, a no ser que la consideres provisional. Fíjate cuán
estrechamente te aferras a tus conclusiones relativas a las personas,
por ejemplo. ¿Acaso están esos juicios completamente libres de toda
emoción? Si así lo crees, es muy probable que no te hayas fijado
suficientemente.
Ésta es, precisamente, la principal causa de los desacuerdos y las
divisiones que se dan entre naciones y entre individuos. tus intereses
no coinciden con los míos, y por esos tu pensamiento y tus
conclusiones tampoco concuerdan con los míos. ¿Cuantas personas
conoces cuya manera de pensar, al menos en ocasiones, se oponga a
sus intereses? ¿Cuantas veces has conseguido colocar una barrera
insalvable entre los pensamientos que ocupan tu mente y los miedos y
deseos que se agitan en tu corazón? Cada vez que lo intentes,
comprobarás que lo que la clarividencia requiere no son conocimientos
o informaciones. Esto se adquiere fácilmente; no así el valor para hacer
frente con éxito al miedo y al deseo, porque, en el momento en que
desees o temas algo, tu corazón, consciente o inconscientemente, se
interpondrá y servirá de obstáculo a tu pensamiento.
Esta es una consideración para "gigantes" espirituales que han logrado
darse cuenta de que para encontrar la verdad, lo que necesitan no son
formulaciones doctrinales, sino un corazón capaz de renunciar a su
"programación" y a su egoísmo cada vez que el pensamiento se pone
en marcha; un corazón que no tenga nada que proteger y nada que
ambicionar y que, por consiguiente, deje a la mente vagar sin trabas,
libre y sin ningún temor, en busca de la verdad; un corazón que esté
siempre dispuesto a aceptar nuevos datos y a cambiar de opinión. Un
corazón así acaba convirtiéndose en una lámpara que disipa la
oscuridad que envuelve el cuerpo entero de la humanidad. Si todos los
seres humanos estuvieran dotados de un corazón semejante, ya no se
verían a sí mismos como "comunistas" o "capitalistas", como
"cristianos", "musulmanes" o "budistas", sino que su propia
clarividencia les haría ver que todos sus pensamientos, conceptos y
creencias son lámparas apagadas, signos de su ignorancia. Y, al verlo,
desaparecerían los límites de sus respectivas charcas, y se verían
inundados por el océano que une a todos los seres humanos en la
verdad.
Este hermoso video es la propuesta para la meditación de hoy.
http://www.youtube.com/watch?v=TuLg9TOzfm0
lunes, 8 de marzo de 2010
Meditemos para aprender a fluir.
Meditemos para aprender a dejar fluir la vida a traves de nosotros...sin luchas ni temores, en forma natural como debe ser.
MEDITACION 29
"El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida
por mí, la encontrará"
(Mt. 10 , 39)
¿Has pensado alguna vez que quienes más miedo tienen a morir son
los que más miedo tienen de vivir? ¡Que al pretender escapar a la
muerte estamos huyendo de la vida?
Imagínate a un hombre que viviera en un miserable ático sin luz y sin
apenas ventilación; imagínate además que a ese hombre le da
verdadero terror bajar las escaleras, porque ha oído hablar de quienes
han rodado por ellas y se han roto el cuello, y que jamás se le ocurriría
cruzar la calle, porque le han dicho que el intentar hacerlo han sido
atropelladas centenares de personas. Y, naturalmente, si no es capaz
de cruzar una calle, mucho menos podrá cruzar un océano, o un
continente... o pasar de un universo mental a otro. Lo que hace ese
hombre es aferrarse a su pequeño cuchitril, en un desesperado intento
de eludir la muerte, con lo que al mismo tiempo elude también la vida.
¿Qué es la muerte? Una pérdida, una desaparición, un marcharse, un
decir adiós. Cuando te aferras a algo, te niegas a marcharte, te niegas
a decir adiós, te resistes a la muerte. Y aunque no te des cuenta, te
resistes también a la vida.
Porque la vida está en movimiento, y tu, en cambio, estás fijo; la vida
fluye, y tú en cambio estás estancado; la vida es flexible y libre, y tú,
en cambio, estás rígido y paralizado. La vida se lo lleva todo, y tú en
cambio ansías estabilidad y permanencia.
Por eso temes a la vida y temes a la muerte: porque te aferras. Si no te
aferraras a nada, si no temieras perder nada, entonces serías libre para
fluir como el torrente de la montaña, siempre fresco, vivo y cambiante.
Hay personas que no pueden soportar la sola idea de perder a un ser
querido, y prefieren no pensar siquiera en ello; o bien les horroriza la
simple posibilidad de poner en duda y acabar perdiendo una creencia,
una ideología o una teoría que siempre han estimado; o están
convencidas de que jamás podrán vivir sin tal o cual persona, lugar o
cosa que tienen en gran aprecio.
¿Quieres conocer una forma de medir tu grado de rigidez y de inercia?
Observa la cantidad de dolor que experimentas cuando pierdes a una
persona, una cosa o una idea muy queridas para ti. El dolor y la
aflicción revelan tu apego a ellas, ¿no es verdad? ¿Por qué te aflige
tanto la muerte de un ser querido o la pérdida de un amigo? Porque
nunca te paras a pensar en serio que todas las cosas pasan o cambian
o mueren.
Por eso la muerte, la pérdida y la separación te pillan tan de sorpresa.
Prefieres vivir en el pequeño ático de tu ilusión, pretendiendo que las
cosas no cambien nunca y sigan siendo siempre las mismas . Por eso,
cuando la vida hace añicos violentamente tu ilusión, experimentas tanto
dolor.
Para vivir debes mirar de frente a la realidad; sólo así te liberarás del
temor a perder a las personas y adquirirás el gusto por la novedad, el
cambio y la incertidumbre; sólo así se desvanecerá tu miedo a perder
lo ya familiar y conocido y esperarás y acogerás ilusionado lo nuevo y
desconocido. Si es la vida lo que ambicionas, he aquí un ejercicio que
tal vez te resulte doloroso, pero que, si eres capaz de hacerlo, te
proporcionará el optimismo de la libertad:
Pregúntate si hay algo o alguien cuya pérdida te causaría una gran
aflicción. Puede que seas de esas personas que no pueden soportar la
mera idea de la muerte o la pérdida de un ser querido. Si es así, y en la
medida en que lo sea, estás muerto. Lo que hay que hacer es afrontar
la muerte, la pérdida, la separación de las cosas y personas queridas.
Considera, una por una, a esas personas y cosas e imagina que han
desaparecido de tu lado para siempre y diles adiós en tu corazón. Dale
las gracias y dile adiós a cada una de ellas.
Vas a sentir dolor, y vas a sentir también cómo dejas de aferrarte a
ello; a continuación brotará en tu consciencia algo distinto: una soledad
que crece cada vez más, hasta convertirse en algo parecido a la infinita
inmensidad del cielo. Pues bien, en esa soledad está la libertad. En esa
soledad está la vida. En ese no-aferrarse está la decisión de fluir
libremente, de disfrutar, gustar y saborear cada nuevo instante de la
vida; una vida que ahora es mucho más dulce, porque ha quedado libre
de la inquietud, la tensión y la inseguridad; libre del temor a la pérdida
y a la muerte que siempre acompaña al deseo de permanecer y de
aferrarse.
Nuestro video de hoy...el sonido del silencio, para meditar.
http://www.youtube.com/watch?v=KUjvuxTbn1o
MEDITACION 29
"El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida
por mí, la encontrará"
(Mt. 10 , 39)
¿Has pensado alguna vez que quienes más miedo tienen a morir son
los que más miedo tienen de vivir? ¡Que al pretender escapar a la
muerte estamos huyendo de la vida?
Imagínate a un hombre que viviera en un miserable ático sin luz y sin
apenas ventilación; imagínate además que a ese hombre le da
verdadero terror bajar las escaleras, porque ha oído hablar de quienes
han rodado por ellas y se han roto el cuello, y que jamás se le ocurriría
cruzar la calle, porque le han dicho que el intentar hacerlo han sido
atropelladas centenares de personas. Y, naturalmente, si no es capaz
de cruzar una calle, mucho menos podrá cruzar un océano, o un
continente... o pasar de un universo mental a otro. Lo que hace ese
hombre es aferrarse a su pequeño cuchitril, en un desesperado intento
de eludir la muerte, con lo que al mismo tiempo elude también la vida.
¿Qué es la muerte? Una pérdida, una desaparición, un marcharse, un
decir adiós. Cuando te aferras a algo, te niegas a marcharte, te niegas
a decir adiós, te resistes a la muerte. Y aunque no te des cuenta, te
resistes también a la vida.
Porque la vida está en movimiento, y tu, en cambio, estás fijo; la vida
fluye, y tú en cambio estás estancado; la vida es flexible y libre, y tú,
en cambio, estás rígido y paralizado. La vida se lo lleva todo, y tú en
cambio ansías estabilidad y permanencia.
Por eso temes a la vida y temes a la muerte: porque te aferras. Si no te
aferraras a nada, si no temieras perder nada, entonces serías libre para
fluir como el torrente de la montaña, siempre fresco, vivo y cambiante.
Hay personas que no pueden soportar la sola idea de perder a un ser
querido, y prefieren no pensar siquiera en ello; o bien les horroriza la
simple posibilidad de poner en duda y acabar perdiendo una creencia,
una ideología o una teoría que siempre han estimado; o están
convencidas de que jamás podrán vivir sin tal o cual persona, lugar o
cosa que tienen en gran aprecio.
¿Quieres conocer una forma de medir tu grado de rigidez y de inercia?
Observa la cantidad de dolor que experimentas cuando pierdes a una
persona, una cosa o una idea muy queridas para ti. El dolor y la
aflicción revelan tu apego a ellas, ¿no es verdad? ¿Por qué te aflige
tanto la muerte de un ser querido o la pérdida de un amigo? Porque
nunca te paras a pensar en serio que todas las cosas pasan o cambian
o mueren.
Por eso la muerte, la pérdida y la separación te pillan tan de sorpresa.
Prefieres vivir en el pequeño ático de tu ilusión, pretendiendo que las
cosas no cambien nunca y sigan siendo siempre las mismas . Por eso,
cuando la vida hace añicos violentamente tu ilusión, experimentas tanto
dolor.
Para vivir debes mirar de frente a la realidad; sólo así te liberarás del
temor a perder a las personas y adquirirás el gusto por la novedad, el
cambio y la incertidumbre; sólo así se desvanecerá tu miedo a perder
lo ya familiar y conocido y esperarás y acogerás ilusionado lo nuevo y
desconocido. Si es la vida lo que ambicionas, he aquí un ejercicio que
tal vez te resulte doloroso, pero que, si eres capaz de hacerlo, te
proporcionará el optimismo de la libertad:
Pregúntate si hay algo o alguien cuya pérdida te causaría una gran
aflicción. Puede que seas de esas personas que no pueden soportar la
mera idea de la muerte o la pérdida de un ser querido. Si es así, y en la
medida en que lo sea, estás muerto. Lo que hay que hacer es afrontar
la muerte, la pérdida, la separación de las cosas y personas queridas.
Considera, una por una, a esas personas y cosas e imagina que han
desaparecido de tu lado para siempre y diles adiós en tu corazón. Dale
las gracias y dile adiós a cada una de ellas.
Vas a sentir dolor, y vas a sentir también cómo dejas de aferrarte a
ello; a continuación brotará en tu consciencia algo distinto: una soledad
que crece cada vez más, hasta convertirse en algo parecido a la infinita
inmensidad del cielo. Pues bien, en esa soledad está la libertad. En esa
soledad está la vida. En ese no-aferrarse está la decisión de fluir
libremente, de disfrutar, gustar y saborear cada nuevo instante de la
vida; una vida que ahora es mucho más dulce, porque ha quedado libre
de la inquietud, la tensión y la inseguridad; libre del temor a la pérdida
y a la muerte que siempre acompaña al deseo de permanecer y de
aferrarse.
Nuestro video de hoy...el sonido del silencio, para meditar.
http://www.youtube.com/watch?v=KUjvuxTbn1o
sábado, 6 de marzo de 2010
Te sientes inseguro? meditemos en esto
Que frustrante es la inseguridad...como nos limita y nos condiciona haciendo que no nos desarrollemos correctamente, que no podamos emplear nuestras capacidades, y que dificil se nos hace vencerla cuando se anida en nosotros...busquemos en nuestro interior para que podamos comprender hacia donde debemos apuntar para salir de este atolladero...meditemos en silencio como nos enseña Anthony de Mello.
MEDITACION 28
"Por eso os digo: no andéis preocupados por vuestra vida...
Mirad las aves del cielo... Fijaos en los lirios del campo... "
(Mt. 6,25 )
En un momento o en otro, todo el mundo experimenta sensaciones de
lo que conocemos con el nombre de "inseguridad". Te sientes inseguro
de la cantidad de dinero que tienes en el banco, de la cantidad de amor
que obtienes de tus amigos, de la educación que has recibido... O
tienes sentimientos de inseguridad en relación a tu salud, a tu edad, a
tu apariencia física. Si te preguntaran: "¿Qué es lo que te hace sentirte
inseguro?", casi con toda certeza darías una respuesta errónea. Tal vez
dirías: "Tengo un amigo que no me quiere lo suficiente", o "no tengo la
formación académica que necesitaría", o algo por el estilo. En otras
palabras, aludirías a algún condicionante externo, sin darte cuenta de
que los sentimientos de inseguridad no se deben a nada exterior a ti,
sino únicamente a tu "programación" emocional, a algo que tú te dices
a ti mismo mentalmente. Si cambiaras tu "programa", tus sentimientos
de inseguridad se desvanecerían en un santiamén, aun cuando todo lo
existente en el mundo exterior a ti permanecerá exactamente igual que
antes. Hay personas que se sienten absolutamente seguras sin tener
un duro en el banco, mientras que otras se sienten inseguras a pesar
de tener millones. Lo importante no es la cantidad de dinero, sino la
"programación". Hay personas que no tienen amigos y, sin embargo,
se sienten perfectamente seguras del amor de la gente, otras, en
cambio, se sienten inseguras aunque gocen de las más posesivas y
exclusivas relaciones del mundo. Una vez más, la diferencia viene
marcada por la "programación".
Si quieres hacer frente a tus sentimientos de inseguridad, hay cuatro
hechos que debes examinar y comprender:
Primero: es inútil que trates de mitigar tus sentimientos de inseguridad
intentando cambiar las cosas exteriores a ti. Puede que tus esfuerzos
se vean coronados por el éxito, aunque no es eso lo más frecuente,
puede que consigas al menos algún alivio, pero éste no será muy
duradero. No merece la pena, por tanto, que gastes tus energías y tu
tiempo en mejorar tu apariencia física, en hacer más dinero o en
asegurarte el amor de tus amigos.
Segundo: (y éste es un hecho que te hará atacar el problema donde
realmente se encuentra: en tu interior): hay personas que, a pesar de
encontrarse en las mismas condiciones que tú te encuentras ahora no
sienten la menor inseguridad. Esas personas existen, y seguramente
conoces alguna. Consiguientemente, el problema no depende de la
realidad exterior a ti, sino de ti mismo, de tu "programación".
Tercero: Debes comprender que esa programación te ha sido impuesta
por personas inseguras que, cuando aún eras muy joven e
impresionable, te enseñaron, con su comportamiento y con sus
reacciones de pánico, que siempre que el mundo exterior no se ajuste
a una determinada norma, debes crear en tu interior una confusión
emocional llamada "inseguridad" y hacer cuanto esté a tu alcance por
reordenar dicho mundo exterior: hacer más dinero, buscar más
motivos de tranquilidad, aplacar y agradar a las personas a las que has
ofendido..., a fin de que desaparezcan los sentimientos de inseguridad.
El simple hecho de caer en la cuenta de que no tienes que hacer
semejante cosa, de que el hacerlo no resuelve realmente nada, y de
que la confusión emocional se debe exclusivamente a ti y a tu cultura,
hará que te distancies del problema, y obtendrás un considerable alivio.
Cuarto: siempre que te sientas inseguro acerca de lo que puede
depararte el futuro, limítate simplemente a recordar que en los últimos
seis o doce meses has estado igualmente inseguro acerca de los
acontecimientos que habrían de producirse; y que cuando, finalmente,
éstos se produjeron, te las arreglaste para dominarlos de un modo u
otro, gracias a las energías y recursos que acumulaste en el momento,
y no gracias a toda tu anterior preocupación, que únicamente sirvió
para hacerte sufrir innecesariamente y para debilitarte
emocionalmente. Por consiguiente, intenta decirte a ti mismo: "Si hay
algo que pueda hacer ahora con respecto a mi futuro, lo haré. Fuera de
eso, me limitaré a dejarle que siga su curso y me dedicaré a disfrutar
del momento presente, porque la experiencia me ha enseñado que sólo
puedo hacer frente a las cosas cuando éstas se presentan, no antes de
que ocurran, y que el presente me proporciona siempre los recursos y
la energía necesarios para afrontarlas".
La desaparición definitiva de los sentimientos de inseguridad sólo se
producirá cuando hayas adquirido esa bendita capacidad de las aves
del cielo y de los lirios del campo para vivir plenamente el presente,
momento a momento; porque el instante presente nunca es insufrible,
por muy doloroso que sea. Lo que sí es insufrible es lo que tú piensas
que va a suceder dentro de cinco horas o de cinco días; e insufribles
son también esas palabras que no dejas de repetir en tu interior: "¡Es
terrible!"; "¡Es insoportable!"; "¿Cuánto tiempo va durar esto?"... y
cosas parecidas. Las aves y las flores tienen la ventaja sobre los
humanos de que no tienen el concepto del futuro, ni palabras en sus
mentes, ni preocupación alguna por lo que sus semejantes piensen de
ellos. Por eso son imágenes perfectas del reino. No te inquietes, pues,
por el mañana, porque el mañana ya cuida de sí. Cada día tiene su
propia malicia. Busca el reino por encima de cualquier otra cosa, y todo
lo demás se te dará por añadidura.
Nuestro video para la meditación de hoy.
http://www.youtube.com/watch?v=1lleBP7Ai7Q
MEDITACION 28
"Por eso os digo: no andéis preocupados por vuestra vida...
Mirad las aves del cielo... Fijaos en los lirios del campo... "
(Mt. 6,25 )
En un momento o en otro, todo el mundo experimenta sensaciones de
lo que conocemos con el nombre de "inseguridad". Te sientes inseguro
de la cantidad de dinero que tienes en el banco, de la cantidad de amor
que obtienes de tus amigos, de la educación que has recibido... O
tienes sentimientos de inseguridad en relación a tu salud, a tu edad, a
tu apariencia física. Si te preguntaran: "¿Qué es lo que te hace sentirte
inseguro?", casi con toda certeza darías una respuesta errónea. Tal vez
dirías: "Tengo un amigo que no me quiere lo suficiente", o "no tengo la
formación académica que necesitaría", o algo por el estilo. En otras
palabras, aludirías a algún condicionante externo, sin darte cuenta de
que los sentimientos de inseguridad no se deben a nada exterior a ti,
sino únicamente a tu "programación" emocional, a algo que tú te dices
a ti mismo mentalmente. Si cambiaras tu "programa", tus sentimientos
de inseguridad se desvanecerían en un santiamén, aun cuando todo lo
existente en el mundo exterior a ti permanecerá exactamente igual que
antes. Hay personas que se sienten absolutamente seguras sin tener
un duro en el banco, mientras que otras se sienten inseguras a pesar
de tener millones. Lo importante no es la cantidad de dinero, sino la
"programación". Hay personas que no tienen amigos y, sin embargo,
se sienten perfectamente seguras del amor de la gente, otras, en
cambio, se sienten inseguras aunque gocen de las más posesivas y
exclusivas relaciones del mundo. Una vez más, la diferencia viene
marcada por la "programación".
Si quieres hacer frente a tus sentimientos de inseguridad, hay cuatro
hechos que debes examinar y comprender:
Primero: es inútil que trates de mitigar tus sentimientos de inseguridad
intentando cambiar las cosas exteriores a ti. Puede que tus esfuerzos
se vean coronados por el éxito, aunque no es eso lo más frecuente,
puede que consigas al menos algún alivio, pero éste no será muy
duradero. No merece la pena, por tanto, que gastes tus energías y tu
tiempo en mejorar tu apariencia física, en hacer más dinero o en
asegurarte el amor de tus amigos.
Segundo: (y éste es un hecho que te hará atacar el problema donde
realmente se encuentra: en tu interior): hay personas que, a pesar de
encontrarse en las mismas condiciones que tú te encuentras ahora no
sienten la menor inseguridad. Esas personas existen, y seguramente
conoces alguna. Consiguientemente, el problema no depende de la
realidad exterior a ti, sino de ti mismo, de tu "programación".
Tercero: Debes comprender que esa programación te ha sido impuesta
por personas inseguras que, cuando aún eras muy joven e
impresionable, te enseñaron, con su comportamiento y con sus
reacciones de pánico, que siempre que el mundo exterior no se ajuste
a una determinada norma, debes crear en tu interior una confusión
emocional llamada "inseguridad" y hacer cuanto esté a tu alcance por
reordenar dicho mundo exterior: hacer más dinero, buscar más
motivos de tranquilidad, aplacar y agradar a las personas a las que has
ofendido..., a fin de que desaparezcan los sentimientos de inseguridad.
El simple hecho de caer en la cuenta de que no tienes que hacer
semejante cosa, de que el hacerlo no resuelve realmente nada, y de
que la confusión emocional se debe exclusivamente a ti y a tu cultura,
hará que te distancies del problema, y obtendrás un considerable alivio.
Cuarto: siempre que te sientas inseguro acerca de lo que puede
depararte el futuro, limítate simplemente a recordar que en los últimos
seis o doce meses has estado igualmente inseguro acerca de los
acontecimientos que habrían de producirse; y que cuando, finalmente,
éstos se produjeron, te las arreglaste para dominarlos de un modo u
otro, gracias a las energías y recursos que acumulaste en el momento,
y no gracias a toda tu anterior preocupación, que únicamente sirvió
para hacerte sufrir innecesariamente y para debilitarte
emocionalmente. Por consiguiente, intenta decirte a ti mismo: "Si hay
algo que pueda hacer ahora con respecto a mi futuro, lo haré. Fuera de
eso, me limitaré a dejarle que siga su curso y me dedicaré a disfrutar
del momento presente, porque la experiencia me ha enseñado que sólo
puedo hacer frente a las cosas cuando éstas se presentan, no antes de
que ocurran, y que el presente me proporciona siempre los recursos y
la energía necesarios para afrontarlas".
La desaparición definitiva de los sentimientos de inseguridad sólo se
producirá cuando hayas adquirido esa bendita capacidad de las aves
del cielo y de los lirios del campo para vivir plenamente el presente,
momento a momento; porque el instante presente nunca es insufrible,
por muy doloroso que sea. Lo que sí es insufrible es lo que tú piensas
que va a suceder dentro de cinco horas o de cinco días; e insufribles
son también esas palabras que no dejas de repetir en tu interior: "¡Es
terrible!"; "¡Es insoportable!"; "¿Cuánto tiempo va durar esto?"... y
cosas parecidas. Las aves y las flores tienen la ventaja sobre los
humanos de que no tienen el concepto del futuro, ni palabras en sus
mentes, ni preocupación alguna por lo que sus semejantes piensen de
ellos. Por eso son imágenes perfectas del reino. No te inquietes, pues,
por el mañana, porque el mañana ya cuida de sí. Cada día tiene su
propia malicia. Busca el reino por encima de cualquier otra cosa, y todo
lo demás se te dará por añadidura.
Nuestro video para la meditación de hoy.
http://www.youtube.com/watch?v=1lleBP7Ai7Q
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