sábado, 20 de febrero de 2010

Meditación en nuestro estado natural

Sigamos meditando en lo natural,para que podamos regresar a nuestro estado de paz.

MEDITACION 14
"El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo
conquistan"
(Mt 11,12)
Compara el sereno y sencillo esplendor de una rosa con las tensiones y
la agitación de tu vida. La rosa tiene un don del que tú careces: está
perfectamente conforme con ser lo que es. Al contrario que tú, ella no
ha sido programada desde su nacimiento para estar insatisfecha
consigo misma, por lo que no siente el menor deseo de ser algo
distinto de lo que es. Y por eso posee esa gracia natural y esa ausencia
de conflicto interno que, entre los humanos, sólo se dan en los niños y
en los místicos.
Considera tu triste condición: estás siempre insatisfecho contigo
mismo, siempre deseando cambiar. Por eso estás lleno de una violencia
y una intolerancia para contigo mismo que no hacen sino aumentar a
medida que te esfuerzas por cambiar. Y por eso, cualquier cambio que
consigues efectuar va siempre acompañado de un conflicto interno. Y,
además, sufres cuando ves cómo otros consiguen lo que tú no has
conseguido y logran ser lo que tú no has logrado.
¿Te atormentarían los celos y la envidia si, al igual que la rosa,
estuvieras conforme con ser lo que eres y no ambicionaras jamás ser lo
que no eres? Pero resulta que te sientes impulsado a intentar ser como
alguna otra persona con más conocimientos, mejor aspecto y más
popularidad o éxito que tú, ¿no es así? Querrías ser más virtuoso, más
tierno, más dado a la meditación; querrías encontrar a Dios y acercarte
más a tus ideales. Piensa en la triste historia de tus intentos por
mejorar, que, o bien acabaron fracasando estrepitosamente, o sólo
tuvieron éxito a costa de mucho esfuerzo y mucho dolor. Supongamos
por un momento que has desistido de todo intento de cambiar y de
toda la consiguiente insatisfacción contigo mismo: ¿estarías condenado
entonces a dormirte en los laureles, tras haber aceptado pasivamente
todo cuanto sucede en ti mismo y a tu alrededor?
Creo que, además de las dos alternativas mencionadas (la autoagresiva
no-aceptación de si mismo y la auto-aceptación pasiva y resignada),
hay una tercera alternativa: la auto-comprensión, que dista mucho de
ser fácil, porque el comprender lo que eres exige una completa libertad
respecto a todo deseo de transformarte en algo distinto a lo que eres.
Podrás comprobarlo si comparas, por una parte, la actitud de un
científico que estudia el comportamiento de las hormigas sin la menor
intención de modificarlo y, por otra, la actitud de un domador de perros
que estudia el comportamiento de uno de ellos en orden de hacerle
aprender una cosa determinada. Si lo que tú intentas no es efectuar en
ti ningún cambio, sino únicamente observarte a ti mismo y estudiar tus
reacciones para con las personas y las cosas, sin emitir ningún tipo de
juicio o condena y sin deseo alguno de reformarte, entonces tu
observación será una observación no selectiva, una observación global
y jamás aferrada a conclusiones rígidas, sino siempre abierta y
constantemente nueva. Entonces comprobarás que algo maravilloso
ocurre en tu interior: te verás inundado por la luz del conocimiento y te
sentirás transparente y transformado.
¿Se producirá entonces el cambio? Por supuesto que sí, y no sólo en ti,
sino también en el ambiente que te rodea. Pero el cambio no se deberá
a tu astuto e impaciente ego, que está siempre compitiendo,
comparando, forzando, sermoneando y manipulando con su
intolerancia y sus ambiciones, por lo que está siempre también creando
tensión y conflicto entre ti y la naturaleza, en un proceso agotador y
contraproducente como conducir un auto con el freno echado. No, la
luz transformadora del conocimiento prescinde totalmente de tu egoísta
e intrigante ego y da rienda suelta a la naturaleza para que ésta
produzca el mismo cambio que produce en la rosa, tan natural, tan
grácil, tan espontánea, tan sana, tan ajena a todo conflicto interno...
Y como todo cambio es violento, también la naturaleza será violenta.
Pero lo maravilloso de la violencia de la naturaleza, a diferencia de la
violencia del ego, es que no proviene de la intolerancia, el odio y la
animadversión. No hay ira ni rabia en la riada que lo arrasa todo, ni en
el pez que devora sus crías obedeciendo a unas leyes ecológicas que
desconocemos, ni en las células del cuerpo que se destruyen unas a
otras en interés de un bien superior. Cuando la naturaleza destruye, no
lo hace por ambición, codicia o cosa parecida sino obedeciendo a unas
misteriosas leyes que buscan el bien de todo el universo, por encima
de la supervivencia y el bienestar de alguna de sus partes.
Es esta clase de violencia la que se manifiesta en los místicos que
claman contra ideas y estructuras que se han instalado en sus
respectivas culturas y sociedades, cuando el conocimiento más
profundo de la realidad les hace detectar ciertos males que sus
contemporáneos son incapaces de ver. Es esta violencia la que permite
a la rosa florecer frente a tantas fuerzas hostiles. Y ante esta misma
violencia, la rosa, al igual que el místico, sucumbirá dulcemente
después de haber abierto sus pétalos al sol para vivir, con su frágil y
tierna belleza, totalmente despreocupada de añadir un solo minuto a la
vida que le ha sido asignada. Por eso vive hermosa y feliz como las
aves del cielo y los lirios del campo, sin rastro alguno de desasosiego y
la insatisfacción, la envidia, el ansia y la competitividad que caracterizan
al mundo de los seres humanos, los cuales tratan de dirigir, forzar y
controlar, en lugar de contentarse con florecer en el conocimiento,
dejando todo cambio en manos de la poderosa fuerza de Dios que obra
en la naturaleza.

El video para acompañar la meditación.



http://www.youtube.com/watch?v=nSFKGAQpmi8

viernes, 19 de febrero de 2010

Meditemos para aprender a volver a lo natural

Lo natural es la paz, el amor, la perfeccion tal como funciona el universo...debemos volver a lo natural para recuperar el estado de felicidad...dejar de luchar contra la corriente, como es nuestra costumbre en esta vida...como hacer esto?

MEDITACION 13
"Sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas"
(Mt. 10,16)
Observa la sabiduría que se manifiesta en las palomas, en las flores, en
los árboles y en toda la naturaleza. Es la misma sabiduría que hace por
nosotros lo que nuestro cerebro es incapaz de hacer: que circule
nuestra sangre, que funcione nuestro aparato digestivo, que lata
nuestro corazón, que se dilaten nuestros pulmones, que se inmunice
nuestro organismo y que curen nuestras heridas, mientras nuestra
mente consciente se ocupa de otros asuntos. Esta especie de sabiduría
natural es algo que apenas estamos empezando a descubrir en los
llamados "pueblos primitivos", tan sencillos y sabios como las palomas.
Nosotros, en cambio, que nos consideramos mas avanzados, hemos
desarrollado otra clase de sabiduría, la astucia del cerebro, porque
hemos constatado que podemos perfeccionar la naturaleza y
procurarnos una seguridad, una protección, una duración de vida, una
velocidad y un bienestar insospechados para los pueblos primitivos.
todo ello gracias a un cerebro plenamente desarrollado. el desafío que
se nos presenta consiste, pues, en recobrar la sencillez y la sabiduría
de la paloma sin perder la astucia de nuestro cerebro serpentino.
¿Cómo podemos lograrlo? Comprendiendo algo sumamente
importante, a saber, que siempre que nos esforzamos por perfeccionar
la naturaleza yendo contra ella, estamos dañándonos a nosotros
mismos, porque la naturaleza es nuestro mismo ser. es como si tu
mano derecha luchara contra tu mano izquierda, o tu pie derecho
pisara tu pie izquierdo: ambas manos o ambos pies saldrían perdiendo
y, en lugar de ser creativo y activo y eficaz, te verías encerrado en un
permanente conflicto. Así es como está la mayoría de las personas en
el mundo. Échales un vistazo: están como muertas, carentes de
creatividad, bloqueadas, porque se hallan en conflicto con la
naturaleza, tratando de perfeccionarse a base de ir contra las
exigencias de la misma. En cualquier conflicto entre la naturaleza y tu
cerebro, trata de apoyar a aquella; si la combates, acabará
destruyéndote. El secreto, por tanto, consiste en perfeccionar la
naturaleza en armonía con ella. Pero ¿cómo puedes alcanzar dicha
armonía?
En primer lugar, piensa en un cambio que deseas realizar en tu vida o
en tu personalidad. ¿Estás tratando de forzar ese cambio en tu
naturaleza a base de esfuerzo y de desear ser algo que tu ego ha
proyectado? He aquí la serpiente en pugna con la paloma. ¿O te
contentas, por el contrario, con observar, comprender y ser consciente
de tu situación y tus problemas actuales, sin forzar las cosas que tu ego
desea, dejando que la realidad efectúe los cambios de acuerdo con los
planes de la naturaleza y no con tus propios planes? si es así, entonces
posees el perfecto equilibrio entre la serpiente y la paloma. Echa, pues,
un vistazo a algunos de esos problemas tuyos y de esos cambios que
deseas que se produzcan en ti, y observa cuál es tu proceder al
respecto. Mira cómo tratas de provocar el cambio - tanto en ti como en
los demás- a base de emplear el castigo y la recompensa, la disciplina y
el control, la represión y la culpa, la codicia y el orgullo, la ambición y la
vanidad..., en lugar de hacerlo mediante la acepción amorosa y la
paciencia, la comprensión laboriosa y la consciencia vigilante.
En segundo lugar, piensa en tu cuerpo y compáralo con un animal en
su hábitat natural. El animal nunca tiene exceso de peso, y sólo está en
tensión antes de luchar o volar. Jamás come ni bebe lo que no es
bueno para él. Se ejercita y descansa cuanto necesita. No se expone
más ni menos de lo debido a los elementos naturales (el viento, el sol,
la lluvia, el frío o el calor). Y ello se debe a que el animal escucha su
propio cuerpo y se deja guiar pos la sabiduría del mismo. Compáralo
con tu estúpida astucia. Si tu cuerpo pudiera hablar, ¿qué diría?
Observa la codicia, la ambición, la vanidad y el deseo de aparentar y de
agradar a los demás que te hacen ignorar la voz de tu propio cuerpo,
mientras corres tras objetivos que te propone tu ego. Verdaderamente,
has perdido la sencillez de la paloma.
En tercer lugar, pregúntate cuál es el contacto que tienes con la
naturaleza, con los árboles, la tierra, la hierba, el cielo, el viento, la
lluvia, el sol, las flores, las aves y demás animales... ¿Cuál es tu grado
de exposición a la naturaleza? ¿Hasta qué punto comulgas con ella, la
observas, la contemplas con asombro, te identificas con ella...? Cuando
tu cuerpo está demasiado alejado de los elementos, se marchita, se
vuelve fofo y frágil, porque ha quedado aislado de su fuerza vital.
Cuando estás demasiado alejado de la naturaleza, tu espíritu se seca y
muere, porque ha sido violentamente separado de sus raíces.

Nuestra música de hoy.



http://www.youtube.com/watch?v=YjciQMz_irU

jueves, 18 de febrero de 2010

La naturaleza de la felicidad

Hoy aprenderemos que lo natural es lo que se hace sin esfuerzo, sencillamente ocurre, y nos hace felices sin siquiera saber como...

MEDITACION 12
"cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que
hace tu derecha"
(Mt. 6,3)
Ocurre con la caridad lo mismo que con la felicidad y la santidad: no
puedes decir que eres feliz porque dejarás de serlo en el momento que
seas consciente de tu felicidad. Lo que tú llamas "experiencia de la
felicidad" no es tal, sino la emoción y el estremecimiento causados por
una persona, una cosa o un acontecimiento. La verdadera felicidad es
in-causada. Eres feliz sin razón alguna. Y la verdadera felicidad no
puede ser experimentada. No pertenece al ámbito de la consciencia
sino el de la espontaneidad.
Lo mismo puede decirse de la santidad. En el momento en que seas
consciente de tu santidad, ésta se degradará y se convertirá en
santurronería. Una buena acción nunca es tan buena como cuando no
tienes consciencia de que lo sea; cuando estás tan enamorado de la
acción que no eres consciente de su bondad y su virtud; cuando tu
mano izquierda no tiene ni idea de que tu mano derecha esté haciendo
algo bueno o meritorio; cuando, simplemente, lo haces porque te
parece lo más natural y espontáneo del mundo. Emplea algún tiempo
en tomar consciencia de que toda la virtud que puedas observar en ti
no es virtud en absoluto, sino algo que has cultivado, producido y
hecho madurar en ti de manera artificial. Si fuera auténtica virtud, la
habrías tenido siempre y plenamente, y te resultaría tan natural que ni
siquiera se te ocurriría pensar en ella como en una virtud. De manera
que la primera cualidad de la santidad es su carácter espontáneo.
La segunda cualidad es su facilidad, o no necesidad de realizar esfuerzo
alguno. El esfuerzo puede modificar el comportamiento, pero no puede
modificarte a ti. Fíjate bien: el esfuerzo puede acercar el alimento a tu
boca, pero no puede producir el apetito; puede hacer que te quedes en
la cama, pero no puede producir el sueño; puede hacerte revelar un
secreto a otra persona, pero no puede producir la confianza; puede
obligarte a hacer un cumplido, pero no puede producir la verdadera
admiración; puede realizar actos de servicio, pero no puede producir el
amor o la santidad. Lo más que puedes conseguir a base de esfuerzo
es represión, no verdadero cambio y crecimiento. el cambio es fruto
únicamente del conocimiento y la comprensión. comprende tu
infelicidad, y ésta desaparecerá y dará paso al estado de felicidad.
Comprende tu orgullo, y éste se vendrá abajo y se transformará en
humildad. comprende tus temores y éstos se disolverán, y el estado
resultante será el amor. Comprende tus apegos, y éstos se
desvanecerá, y la consecuencia será la libertad. El amor, la libertad y la
felicidad no son cosas que tú puedas cultivar y producir. Ni siquiera
puedes saber en qué consisten. Lo más que puedes hacer es observar
sus contrarios y, mediante la observación, hacer que éstos
desaparezcan.
Hay una tercera cualidad de la santidad: no puede ser deseada. Si
deseas la felicidad, estarás ansioso por obtenerla y te sentirás
constantemente insatisfecho; y la insatisfacción y la ansiedad matan la
misma felicidad que pretenden conseguir. Si deseas para ti la santidad
estarás alimentando la misma ansia y ambición que te hacen ser tan
egoísta, tan engreído y tan impío.
Hay algo que debes comprender: existen dentro de ti dos distintos
"motores" para el cambio. Uno de ellos es la astucia de tu propio ego,
que te incita a hacer esfuerzos para ser distinto de lo que se supone
que debes ser, de modo que dicho ego pueda esforzarse y
autoensalzarse. El otro motor es la sabiduría de la naturaleza, gracias a
la cual te haces consciente y capaz de comprender. Eso es todo cuanto
tú haces: dejar el cambio - el tipo, la modalidad concreta, la velocidad
y la oportunidad del cambio- en manos de la realidad y de la
naturaleza. El ego es un estupendo técnico. Eso sí, no es creativo. Lo
que hace es coleccionar métodos y técnicas y "producir" personas
supuestamente santas: personas rígidas, consecuentes, mecánicas y
faltas de vida, tan intolerantes para con los demás como para consigo
mismas; personas violentas, que son lo más opuesto que pueda
imaginarse a la santidad y al amor; esa clase de personas "espirituales"
que, conscientes de su espiritualidad, son capaces de crucificar al
Mesías.
La naturaleza, en cambio, no es técnica, sino creativa. Dejarás de ser
un astuto técnico y pasarás a ser creador el día en que domine en ti el
verdadero abandono, es decir, la ausencia de codicia, de ambición, de
ansiedad y de obsesión por el esfuerzo, la ganancia, el triunfo y el
éxito. El día en que no tengas más que una profunda, viva, penetrante
y vigilante consciencia que haga desaparecer de ti toda necedad y
egoísmo, todos tus apegos y tus miedos. Los cambios que resulten no
serán producto de tus proyectos y esfuerzos, sino fruto de la
naturaleza, que desdeña tus planes y tu voluntad que
consiguientemente no da cabida a sentido alguno del mérito o del
esfuerzo, ni siquiera al conocimiento por parte de tu mano izquierda de
lo que la realidad está haciendo por medio de tu mano derecha.

La musica de hoy para acompañar nuestra meditacion.




http://www.youtube.com/watch?v=awH_oqctSXQ

miércoles, 17 de febrero de 2010

Aprende a liberar tu mente de los apegos

Hoy seguiremos trabajando los apegos, que es lo que nos encadena en este mundo.

MEDITACION 11
"Se le acercaron sus discípulos y le señalaron ls construcciones del templo, pero él les dijo: ¿Veis todo esto? Os aseguro que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida" (Mt. 24,1-2)
Imagínate a una persona gordísima y grasienta. En algo así puede llegar a convertirse tu mente: en algo tan gordo y grasiento, tan pesado y lento, que sea incapaz de pensar, de observar, de explorar, de descubrir... Mira a tu alrededor y verás cómo la mayoría de las mentes están así: torpes, dormidas, protegidas por "capas de grasa", deseando no ser molestadas ni sacudidas de su modorra.
¿Que son esas "capas de grasa"? Son tus creencias, las conclusiones a que has llegado acerca de personas y cosas, tus hábitos y tus apegos.
Tus años de formación deberían haberte servido para eliminar esas "capas" y liberar tu mente. En cambio tu sociedad y tu cultura, que han recubierto tu mente con dichas adiposidades, te han enseñado a no verlas siquiera, a refugiarte en el sueño y a dejar que otras personas - los expertos: los dirigentes políticos, culturales y religiosos - piensen por ti. De ese modo, han conseguido abrumarte con el peso de una autoridad y una tradición intangibles e incontestables.
Veamos esas "capas" una por una. La primera son tus creencias. Si tu manera de vivir viene determinada por tu condición de comunista o de capitalista, de musulmán o de judío, estarás experimentando la vida de un modo parcial y sesgado; hay entre ti y la realidad una barrera, una
"capa de grasa" que te impide ver y tocar directamente dicha realidad.
La segunda "capa" la constituyen tus ideas. Si te aferras a una idea acerca de alguna persona, entonces ya no amas a esa persona, sino que amas tu idea acerca de ella. Cuando la ves hacer o decir algo, o comportarse de una determinada manera, le pones una etiqueta: "es tonta", "es torpe", "es cruel", "es simpática"... Y entonces ya has puesto una pantalla, una "capa de grasa" entre ti y esa persona; y cuando vuelvas a encontrarte con ella, la verás en función de esa idea que te has formado, aun cuando ella haya cambiado. Observa cómo es precisamente esto lo que has hecho con casi todas las personas que conoces.
La tercera "capa" son los hábitos. El hábito o la costumbre es algo esencial en la vida humana. no podríamos caminar, hablar o conducir un auto si no tuviéramos el hábito de hacerlo. Pero los hábitos deben limitarse al ámbito de las cosas "mecánicas", y no deberían invadir los terrenos del amor o de la visión. A nadie le gusta ser amado "por costumbre". No te has sentado nunca a la orilla del mar, hechizado por la majestad y el misterio del océano? El pescador mira todos los días el océano sin caer en cuenta de su grandeza. ¿por qué? Por el efecto embotador de una "capa de grasa" llamada "hábito". Te has formado una idea estereotipada acerca de todas las cosas que ves y, cuando tropiezas con ellas, no eres capaz de verlas en toda su cambiante novedad y frescor; lo único que ves es la misma idea insípida, espesa y aburrida que te has habituado a tener de ellas. Y así es como tratas y te relacionas con las personas y las cosas: sin frescor ni novedad de ningún tipo, sino de esa forma torpe y rutinaria generador la costumbre. Eres incapaz de mirar de una manera más creativa, porque, al haber adquirido el hábito de tratar con el mundo y con la gente, puedes activar el "piloto automático" de tu mente e irte a dormir.
La cuarta "capa", formada por tus apegos y tus miedos, es la más fácil de ver. Recubre con una espesa capa de apego o de miedo (y de aversión, por consiguiente) cualquier cosa o persona, y en ese mismo instante dejarás de ver a esa cosa o persona como realmente es. Y para comprobar cuán cierto es esto, basta con que recuerdes a algunas de las personas que te desagradan o temes, o a las que te sientes apegado.
¿Ves ahora hasta qué punto estás encerrado en una prisión creada por las creencias y tradiciones de tu sociedad y tu cultura y por las ideas, prejuicios, apegos y miedos producidos por tus experiencias pasadas?
Hay una serie de muros que rodean tu prisión, de forma que te resulta casi imposible evadirte de ella y entrar en contacto con toda la riqueza de vida y de amor que hay en el exterior. Y, sin embargo, lejos de ser imposible, es realmente fácil y grato. ¿Qué hay que hacer? Cuatro cosas:
Primera: reconoce que estás encerrado entre los muros de una prisión y que tu mente se ha quedado dormida. A la mayoría de las personas ni siquiera se les ocurre verlo, por lo que viven y mueren "encarceladas". Y la mayoría también acaba siendo conformista y adaptándose a la vida de dicha prisión. Algunos salen "reformados" y luchan por unas mejores condiciones de vida en la prisión: una mejor iluminación, una mejor ventilación... Y casi nadie se decide a ser un rebelde, un revolucionario que eche abajo los muros de la prisión. Sólo podrás ser revolucionario cuando consigas ver, antes que nada, dichos muros.
Segunda: contempla los muros; emplea horas enteras simplemente en observar tus ideas, tus hábitos, tus apegos, tus miedos, sin emitir juicio ni condena de ningún tipo. Limítate a mirarlos, y se derrumbarán.

Tercera: emplea también algún tiempo en observar las cosas y personas que te rodean. Mira, como si lo hicieras por primera vez, el rostro de un amigo, una hoja, un árbol, el vuelo de un pájaro, el comportamiento y las peculiaridades de las personas que te rodean... Mira todas esas cosas de veras, y seguro que habrás de verlas tal como son en realidad, sin el efecto embotador y deformante de tus ideas y hábitos.
Cuarta (y más importante): siéntate tranquilamente y observa cómo funciona tu mente, de la que brota sin cesar un flujo de pensamientos, sensaciones y reacciones. Dedica largos ratos a observarlo todo ello del mismo modo en que contemplas un río o una película. No tardarás mucho en descubrir que es aún más interesante, vivificante y liberador. Después de todo, ¿acaso puedes afirmar que estás vivo si ni siquiera eres consciente de tus propios pensamientos y reacciones? Se dice que la vida inconsciente no merece ser vivida. Podría afirmarse que ni siquiera puede ser llamada "vida", porque es una existencia mecánica, de "robot"; porque se parece más al sueño, a la falta de sentido, a la muerte... y sin embargo, es esto lo que la gente llama "vida humana".
Así pues, mira, observa, examina, explora... y tu mente se hará viva, eliminará su "grasa" y se tornará perspicaz, despierta y activa. Los muros de tu prisión se desplomarán hasta que no quede piedra sobre piedra, y tú te verás agraciado con la visión nítida y sin obstáculos de las cosas tal como son, con la experiencia directa de la realidad.

Nada mejor que una buena música, para la meditación.






http://www.youtube.com/watch?v=43yvlrNl3Xc

martes, 16 de febrero de 2010

Sigamos meditando en los desapegos

Hoy seguiremos meditando en los desapegos, ya que es la clave dela libertad y la felicidad.

MEDITACION 10
"Maestro, ¿qué debo hacer de bueno para alcanzar la vida
eterna?
(Mt. 19,16)
Imagina que te encuentras en una sala de conciertos escuchando los
compases de la más melodiosa de las músicas y que, de pronto,
recuerdas que se te ha olvidado dejar cerrado el automóvil. Comienzas
a preocuparte y ni puedes salir de la sala ni disfrutar de la música. He
ahí una perfecta imagen de la forma que tienen que vivir la vida la
mayoría de los seres humanos.
Porque la vida, para quienes tienen oídos para oír, es una sinfonía;
pero es rarísimo el ser humano que escucha la música. ¿Por qué?
Porque la gente está demasiado ocupada en escuchar los ruidos que
sus circunstancias y su "programación" han introducido en su cerebro.
Por eso,,, y por algo más: sus apegos. El apego es uno de los
principales asesinos de la vida. Para escuchar de veras la sinfonía hay
que tener el oído lo bastante sensible como para sintonizar con cada
uno de los instrumentos de la orquesta. si únicamente disfrutas con los
instrumentos de percusión, no escucharás la sinfonía, porque la
percusión te impedirá captar el resto de los instrumentos . lo cual no
significa que no puedas preferir dicho sonido, o el de los violines, o el
piano, porque la mera preferencia por uno de los instrumentos no
reduce tu capacidad de escuchar y disfrutar de los demás. Pero, en el
momento en que tu preferencia se convierta en "apego", te harás
insensible a los restantes sonidos y no podrás evitar el minusvalorarlo.
Tu apego excesivo a un determinado instrumento te cegará, porque le
concedes un valor desproporcionado.
Fíjate ahora en una persona o cosa por la que experimentes un apego
excesivo: alguien o algo a quien hayas concedido el poder de hacerte
feliz o desdichado. Observa cómo - debido a tu empeño en conseguir a
esa persona o cosa- pierdes sensibilidad con relación al resto del
mundo. te has insensibilizado. ten el coraje de ver cuán parcial y ciego
te has vuelto ante ese objeto de tu apego.
Si eres capaz de verlo, experimentarás el deseo de liberarte de dicho
apego. El problema es: ¿cómo hacerlo? La mera renuncia o el simple
alejamiento no sirven de nada, porque el hacer desaparecer el sonido
de la percusión volverá a hacerte tan duro e insensible como lo eras
cuando te fijabas únicamente en dicho sonido. Lo que necesitas no es
renunciar, sino comprender, tomar consciencia. Si tus apegos te han
ocasionado sufrimiento y aflicción, ésa es una buena ayuda para
comprender. Si, al menos una vez en la vida has experimentado el
dulce sabor de la libertad y la capacidad de disfrutar la vida que
proporciona la falta de apegos, eso te será igualmente útil. también
ayuda el percibir conscientemente el sonido de los demás instrumentos
de la orquesta. Pero lo verdaderamente insustituible es tomar
consciencia de la pérdida que experimentas cuando sobrevalora la
percusión y te vuelves sordo al resto de la orquesta.
El día en que esto suceda y se reduzca tu apego a la percusión, ese día
ya no dirás a tu amigo: "¡Qué feliz me has hecho!". Porque al decírselo,
lo que haces es halagar su "ego" e inducirle a querer agradarte de
nuevo, además de engañarte a ti mismo creyendo que tu felicidad
depende de él. Lo que le dirás más bien será: "Cuando tú y yo nos
encontramos ha brotado la felicidad". Lo cual hace que la felicidad no
quede contaminada por su "ego" ni por el tuyo, porque ninguno de los
dos puede atribuirse el mérito de la misma. Y ello os permitirá a ambos
separaros sin ningún tipo de apego excesivo y experimentar lo que
vuestro mutuo encuentro ha producido, porque ambos habréis
disfrutado, no el uno del otro, sino de la sinfonía nacida de vuestro
encuentro. Y cuando tengas que pasar a la siguiente situación, persona
u ocupación, lo harás sin ningún tipo de sobrecarga emocional, y
experimentarás el gozo de descubrir que en esa siguiente situación, y
en la siguiente, y en cualesquiera situaciones sucesivas, brota también
la sinfonía, aunque la melodía sea diferente en cada caso.
En adelante, podrás ir pasando de un momento a otro de la vida
plenamente absorto en el presente, llevando contigo tan poca carga del
pasado que tu espíritu podría pasar a través del ojo de una aguja; tan
escasamente afectado por la preocupación acerca del futuro como las
aves del cielo y los lirios del campo. Ya no estarás apegado a ninguna
persona o cosa, porque habrás desarrollado el gusto por la sinfonía de
la vida. Y amarás únicamente la vida y te apasionarás por ella con todo
tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus
fuerzas. Y te encontrarás tan ligero de equipaje y tan libre como un
pájaro en el cielo, viviendo siempre en el "ahora eterno". Entonces
habrás descubierto en tu corazón la respuesta a la pregunta: "Maestro,
¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?"




http://www.youtube.com/watch?v=RLGHUe1OxNU

lunes, 15 de febrero de 2010

Liberate de los apegos, miedos y creencias que no te dejan crecer

Hoy, algo más sobre el verdadero amor...para que en esta semana del amor puedas crecer en este aspecto y por fin veas la luz de la felicidad brillando en tí.

MEDITACION 8: Liberarse de los Apegos, Miedos y Creencias que no te permiten crecer.

"He venido a este mundo para un juicio: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos". (Jn 9,39) Se dice que el amor es ciego. Pero ¿lo es de veras? De hecho, nada hay en el mundo tan clarividente como el amor. Lo que es ciego no es
el amor, sino el apego: ese estado de obcecación que proviene de la
falsa creencia de que algo o alguien es del todo necesario para ser
feliz. ¿Tienes algún apego de esa clase? ¿Hay cosas o personas sin las que, equivocadamente, creas que no puedes ser feliz?.

Haz una lista de ellas ahora mismo, antes de que pasemos a ver de qué manera exactamente te ciegan.

Imagínate a un político que está convencido de que no puede ser feliz si no alcanza el poder: la búsqueda del poder va a endurecer su sensibilidad para el resto de su vida. Apenas tiene tiempo para dedicarlo a su familia y sus amigos. De pronto, ve a todos los seres humanos -y reacciona ante ellos- en función de la ayuda o amenaza que pueden suponer para su ambición. Y los que no suponen ninguna de las dos cosas ni siquiera existen para él. Si, además de esta ansia de poder, está apegado a otras cosas, como el sexo o el dinero, el pobre hombre será tan selectivo en sus percepciones que casi puede afirmarse que está ciego. Esto es algo que ve todo el mundo, excepto él mismo. Y es también lo que conduce al rechazo del Mesías, al rechazo de la verdad, la belleza, y la bondad. En otras palabras rechazas tu propio desarrollo, tu salvación plena, porque uno se ha hecho ciego para percibirlas. Imagínate ahora a ti mismo escuchando una orquesta cuyos timbales suenan tan fuerte que hacen que no se oiga nada más. Naturalmente, para disfrutar de una sinfonía tienes que poder oír cada uno de los instrumentos.

Del mismo modo, para vivir en ese estado que llamamos "amor" tienes que ser sensible a la belleza y al carácter único de cada una de las cosas y personas que te rodean. Difícilmente podrás decir que amas aquello que ni siquiera ves; y si únicamente ves a unos cuantos seres, pero excluyes a los otros, eso no es amor ni nada que se le parezca, porque el amor no excluye absolutamente a nadie, sino que abraza la vida entera: el amor escucha la sinfonía como un todo, y no únicamente tal o cual instrumento. Detente ahora por unos instantes y observa cómo tus apegos -al igual que el apego del político al poder, o el del hombre de negocios al dinero- te impiden apreciar debidamente la sinfonía de la vida. O tal vez prefieras verlo de esta otra manera: existe una enorme cantidad de información que, procedente del mundo que te rodea, afluye hacia ti a través de los sentidos, los tejidos y los diversos órganos de tu cuerpo; pero tan sólo una pequeña parte de esa información consigue llegar a tu mente consciente. Es algo parecido a lo que ocurre con la inmensa cantidad de "feed-back" que se envía al Presidente de una nación: Sólo una mínima parte de la misma llega hasta él, porque alguien en su entorno se encarga de filtrar y de tamizar dicha información. ¿Quién decide, pues, lo que finalmente, de entre todo el material que te llega del mundo circundante, se abre camino hasta tu mente consciente?

Hay tres filtros que actúan de manera determinante: tus apegos, tus creencias y tus miedos.
En primer lugar, tus apegos: inevitablemente, siempre prestarás atención a lo que favorece o pone en peligro dichos apegos, y fingirás no ver lo demás. Lo demás no te interesará más de cuanto pueda interesarle al avaro hombre de negocios cualquier cosa que no suponga hacer dinero.
En segundo lugar, tus creencias: piensa por un momento en el individuo fanático que tan sólo se fija en aquello que confirma lo que él cree y apenas percibe cuanto pueda ponerlo en entredicho, y comprenderás lo que tus creencias suponen para ti.
Finalmente tus miedos: si supieras que ibas a ser ejecutado dentro de una semana, tu mente se centraría exclusivamente en ello y no podrías pensar en otra cosa. Esto es lo que hacen los miedos: fijar tu atención en determinadas cosas, excluyendo todas las demás. Piensa equivocadamente que tus miedos te protegen, que tus creencias te han hecho ser lo que eres y que tus apegos hacen de tu vida algo apasionante y firme. Y no ves, sin embargo, que todo ello constituye una especie de pantalla o filtro entre ti y la sinfonía de la vida. Naturalmente, es del todo imposible ser plenamente consciente de todas y cada una de las notas de dicha sinfonía. Pero, si logras mantener tu espíritu libre de obstáculos y tus sentidos abiertos, comenzarás a percibir las cosas tal como realmente son y a establecer una interacción mutua con la realidad, y quedarás cautivado por la armonía del universo. Entonces comprenderás lo que es Dios, porque al fin habrás entendido lo que es el amor.

Míralo de este modo: tú ves a las personas y las cosas, no tal como ellas son, sino tal como eres tú. Si quieres verlas tal como ellas son, debes prestar atención a tus apegos y a los miedos que tales apegos engendran. Porque, cuando encaras la vida, son esos apegos y esos miedos los que deciden qué es lo que tienes que ver y lo que tienes que ignorar. Y sea cual sea lo que veas, ello va a absorber tu atención. Ahora bien, como tu mirar es selectivo, tienes una visión engañosa de las cosas y las personas que te rodean. Y cuanto más se prolongue esa visión deformada, tanto más te convencerás de que ésa es la verdadera imagen del mundo, porque tus apegos y tus miedos no dejan de procesar nuevos datos que refuercen dicha imagen. Esto es lo que da origen a tus creencias, las cuales no son sino formas fijas e inmutables de ver una realidad que, de por sí, no es fija ni inmutable, sino móvil y en constante cambio. Cuántas veces habrás oído decir al alguien: “si un gato negro se cruza en tu camino te irá mal”. Así pues, el mundo con el que te relacionas y al que amas no es ya el mundo real, sino un mundo creado por tu propia mente. Sólo cuando consigas renunciar a tus creencias, a tus miedos y a los apegos que los originan, te verás libre de esa insensibilidad que te hace ser tan sordo y tan ciego para contigo mismo y para con el mundo.


Nada más lindo que el concierto de aranjuez, para tu meditación de hoy.



domingo, 14 de febrero de 2010

Como renunciar a los apegos para ser libres y felices

MEDITACION 9.


"Arrepentíos, porque el reino de Dios está cerca" (Mt. 4,17) Imagina que tienes un receptor de radio que, por mucho que gires el dial, sólo capta una emisora. Por otra parte, no puedes controlar el volumen: unas veces, el sonido apenas es audible; otras, es tan fuerte que te destroza los tímpanos. Y, además, es imposible apagarla y, aunque a veces suena bajo, de pronto se pone a sonar estruendosamente cuando lo que quieres es descansar y dormir. ¿Quién puede soportar una radio que funciona de semejante modo?

Sin embargo, cuando tu corazón se comporta de un modo parecido, no sólo lo soportas sino que lo consideras normal y hasta humano. Piensa en las numerosas veces que te has visto zarandeado por tus emociones, que has sufrido accesos de ira, de depresión, de angustia, cuando tu corazón se ha empeñado en conseguir algo que no tenías, o en aferrarte a algo que poseías, o en evitar algo que no deseabas. Estabas enamorado, por ejemplo, y te sentías rechazado o celoso; de pronto, toda tu mente y tu corazón empezaron a centrarse exclusivamente en este hecho, y el banquete de la vida se troncó en cenizas en tu boca. O estabas empeñado en ganar las elecciones, y el fragor el combate te impedía escuchar el canto de los pájaros: tu ambición ahogaba cualquier sonido que pudiera "distraerte". O te enfrentabas a la posibilidad de haber contraído una grave enfermedad, o a la pérdida de un ser querido, y te resultaba imposible concentrarte en cualquier otra cosa...en suma, en el momento en que te dejas atrapar por un apego, deja de funcionar ese maravilloso aparato que llamamos "corazón humano". Si deseas reparar tu aparato de radio, tienes que estudiar radioelectrónica. Si deseas reformar tu corazón, tienes que tomarte tiempo para pensar seriamente en cuanto a verdades libertadoras. Pero antes elige algún apego que te resulte verdaderamente inquietante, algo a lo que estés aferrado, algo que te inspire temor, algo que ansíes vehementemente... y ten presente ese apego mientras escuchas tales verdades.

Primera verdad: debes escoger entre tu apego y la felicidad. No puedes tener ambas cosas. En el momento en que adquieres un apego, tu corazón deja de funcionar como es debido, y se esfuma tu capacidad de llevar una existencia alegre, despreocupada y serena. Comprueba cuán verdadero es esto si lo aplicas al apego que has elegido.

Segunda verdad: ¿de dónde te vino ese apego? No naciste con él, sino que brotó de una mentira que tu sociedad y tu cultura te han contado, o de una mentira que te has contado tú a ti mismo, a saber, que sin tal cosa o tal otra, sin esta persona o la de más allá, no puedes ser feliz. Simplemente, abre los ojos y comprueba la falsedad de semejante
aserto. Hay centenares de personas que son perfectamente felices sin esa persona o esa circunstancia que tu tanto ansías y sin la cual estás convencido de que no puedes ser feliz. Así pues, elige entre tu apego y tu libertad y felicidad.

Tercera verdad: si deseas estar plenamente vivo, debes adquirir y desarrollar el sentido de la perspectiva, de la amplitud. La vida es infinitamente más grande que esa nimiedad a la que tu corazón de ha apegado y a la que tú has dado el poder de alterarte de ese modo. Una nimiedad, si, porque si vives lo suficiente, es muy fácil que algún día esa cosa o persona dejen de importarte... y hasta puede que ni siquiera te acuerdes de ella, como podrás comprobar por tu experiencia. Hoy mismo, apenas recuerdes aquellas tremendas tonterías que tanto te inquietaron en el pasado y que ya no te afectan en lo más mínimo.

Y llegamos a la cuarta verdad, que te lleva a la inevitable conclusión de que ninguna cosa o persona que no seas tú tiene el poder de hacerte feliz o desdichado. Seas o no consciente de ello, eres tú, y nadie más que tú, quien decide ser feliz o desdichado, según te aferres o dejes de aferrarte al objeto de tu apego en una situación dada. En anteriores publicaciones hemos insistido en esta idea: tú tienes todo para ser feliz, para lograr plenitud y bienestar en tu vida, busca en tu interior... abandona todo aquello que te hace desdichado.

Si reflexionas sobre estas verdades, puede que tomes consciencia de que tu corazón se resiste a ellas o que, por el contrario, busca razones en su contra y se niega a tomarlas en consideración. Será señal de que tus apegos no te han hecho sufrir lo bastante como para desear realmente reparar tu "radio espiritual". También es posible que tu corazón no se resista a dichas verdades; en tal caso, alégrate de ello: es señal de que el arrepentimiento, la "remodelación" de tu corazón, ha comenzado, y de que, al fin, el reino de Dios - la vida reconfortantemente despreocupada de los niños- se ha puesto a tu
alcance, y que estás a punto de tocarlo con los dedos y tomar posesión de él.

Aqui el video para acompañar tu meditación